En
las impolutas escaleras de un importante lugar,
un
hombre yace tirado entre la vereda y la entrada.
Los
espectadores que caminan por abajo
no
se preguntan si está durmiendo o está muerto.
Duerme
en las escaleras que jamas podrá subir.
Un
hombre lo observa al descender las blancas escaleras,
después
de su larga indecisión por fin sigue adelante,
usara
el dinero para obsequiar un moño rojo a su hija.
Muchos
años han pasado ya
su
preciado regalo aún adorna su cabello,
ella
camina en la noche de invierno
con
mantas en su espalda y un termo con café entre sus brazos.
Ofrece
calidez a quienes regresaron a la tierra,
sus
historias aún no han terminado de escribirse.
Mientras
todo el mundo en la ciudad duerme,
la
chica del moño lucha porque los demás vean un mañana.
Las
nubes que cruzaron el cielo desde algún continente lejano
observan
indiferentes el encuentro entre la mujer y el hombre.
Él
saca un cuchillo y pretende apuñalar,
ella
le ofrece un vaso con café y una manta gruesa.
Aquél
que su padre no había ayudado deja caer el cuchillo
y
a quien le había regalado un moño le da un abrazo,
las
lágrimas que caen en la tierra sucia
más
tarde ascienden y se convierten en nubes de lluvia.
Desde
cuando el simple roce es algo para disculparse,
¿por
qué ya no podemos vernos a los ojos sin temor a sentirnos culpables?
Desconfiamos
de todo el mundo y evaluamos ayudar a uno y a otro no,
y
cuando nos preguntan contestamos que no estamos enfermos.
En
un mundo tridimensional con cuatro lados
eso
fue todo lo que nos han enseñado.
Una
moneda tiene infinidad de caras
y
nuestra mirada ha nacido sucia.
La
mirada al suelo ya no se fija por donde camina,
despreocupada
de pisar a los demás o a sí mismo.
lo
que sea que halla en ese cristal iluminado
la
satisfacción de tenerlo cerca es suficiente.
El
florista que cuida, riega y poda su esfuerzo,
siente
marchitado su corazón cuando quiebra.
Por
más bellos ideales que esas flores expresaban,
en
la esquina de millones no tuvieron oportunidad.
Nunca
entenderé a las personas que cuando se sienten triste,
escuchan
canciones tristes para sentirse aún más solos.
¿Acaso
quieren estrujar su corazón hasta el final?,
¿quieren
llorar lagrimas hasta desahogarse?.
No
digo que este mal llorar hasta desfallecer, pero,
¿acaso
esas lágrimas serán más justas?
Seguimos
en busca del sufrimiento, cuando al mismo tiempo queremos alejarnos
del dolor.
El
juez deja caer el martillo para liberar al culpable.
Un
juicio por jurado condena al culpable y es llamado una polémica.
Un
jardín en donde los niños ya no cantan sus canciones,
es
reemplazado por la contaminación de una fábrica.
Un
corazón honesto que nos deja súbitamente,
los
asesinos que viven hasta el final de su vida .
La
paz que necesita de la guerra para nacer.
Las
injusticias que creemos son culpa de la vida.
Cada
uno tiene miedo de aceptar la culpa,
la
razón es porque todos creemos que somos especiales.
Ignoramos
a quien tenemos a nuestro lado,
y
rogamos por alguien y algo que no vale nuestro tiempo.
En
un mundo dividido por dos lados,
una
sola mentira con la que nos han engañado.
La
sonrisa de oveja y los dientes de un lobo
y
nuestra mirada ha nacido sucia.
Seguimos
luchando por confiar en nosotros mismos,
al
tiempo que el mundo te enseña a confiar en quien te “parezca”
Las
buenas noticias quedan relegadas, porque después de todo
sólo
hablamos de las malas noticias.
El
santo enviado de Dios que dice no haber pecado,
y
el pecador que dice fue enviado por Dios.
Personas
mueren por amor y el odio salva a las personas.
En
que clase de mundo bueno para nada hemos nacido.
Si
al final con realizar pequeñas acciones,
como
regalar un dulce o una sonrisa,
esa
persona verá el mundo desde un lado diferente,
por
lo menos, efímero, una sonrisa aliviara al mundo.
La
lluvia que nació de las lágrimas de alguien
fueron
derramadas en una tierra lejana,
para
alimentar las pequeñas esperanzas
de
un mundo que creíamos bueno para nada.