miércoles, 5 de diciembre de 2018

En un mundo tridimensional de cuatro lados


En las impolutas escaleras de un importante lugar,
un hombre yace tirado entre la vereda y la entrada.
Los espectadores que caminan por abajo
no se preguntan si está durmiendo o está muerto.

Duerme en las escaleras que jamas podrá subir.
Un hombre lo observa al descender las blancas escaleras,
después de su larga indecisión por fin sigue adelante,
usara el dinero para obsequiar un moño rojo a su hija.

Muchos años han pasado ya
su preciado regalo aún adorna su cabello,
ella camina en la noche de invierno
con mantas en su espalda y un termo con café entre sus brazos.

Ofrece calidez a quienes regresaron a la tierra,
sus historias aún no han terminado de escribirse.
Mientras todo el mundo en la ciudad duerme,
la chica del moño lucha porque los demás vean un mañana.

Las nubes que cruzaron el cielo desde algún continente lejano
observan indiferentes el encuentro entre la mujer y el hombre.
Él saca un cuchillo y pretende apuñalar,
ella le ofrece un vaso con café y una manta gruesa.

Aquél que su padre no había ayudado deja caer el cuchillo
y a quien le había regalado un moño le da un abrazo,
las lágrimas que caen en la tierra sucia
más tarde ascienden y se convierten en nubes de lluvia.

Desde cuando el simple roce es algo para disculparse,
¿por qué ya no podemos vernos a los ojos sin temor a sentirnos culpables?
Desconfiamos de todo el mundo y evaluamos ayudar a uno y a otro no,
y cuando nos preguntan contestamos que no estamos enfermos.

En un mundo tridimensional con cuatro lados
eso fue todo lo que nos han enseñado.
Una moneda tiene infinidad de caras
y nuestra mirada ha nacido sucia.
La mirada al suelo ya no se fija por donde camina,
despreocupada de pisar a los demás o a sí mismo.
lo que sea que halla en ese cristal iluminado
la satisfacción de tenerlo cerca es suficiente.

El florista que cuida, riega y poda su esfuerzo,
siente marchitado su corazón cuando quiebra.
Por más bellos ideales que esas flores expresaban,
en la esquina de millones no tuvieron oportunidad.

Nunca entenderé a las personas que cuando se sienten triste,
escuchan canciones tristes para sentirse aún más solos.
¿Acaso quieren estrujar su corazón hasta el final?,
¿quieren llorar lagrimas hasta desahogarse?.
No digo que este mal llorar hasta desfallecer, pero,
¿acaso esas lágrimas serán más justas?
Seguimos en busca del sufrimiento, cuando al mismo tiempo queremos alejarnos del dolor.

El juez deja caer el martillo para liberar al culpable.
Un juicio por jurado condena al culpable y es llamado una polémica.
Un jardín en donde los niños ya no cantan sus canciones,
es reemplazado por la contaminación de una fábrica.
Un corazón honesto que nos deja súbitamente,
los asesinos que viven hasta el final de su vida .
La paz que necesita de la guerra para nacer.
Las injusticias que creemos son culpa de la vida.

Cada uno tiene miedo de aceptar la culpa,
la razón es porque todos creemos que somos especiales.
Ignoramos a quien tenemos a nuestro lado,
y rogamos por alguien y algo que no vale nuestro tiempo.

En un mundo dividido por dos lados,
una sola mentira con la que nos han engañado.
La sonrisa de oveja y los dientes de un lobo
y nuestra mirada ha nacido sucia.


Seguimos luchando por confiar en nosotros mismos,
al tiempo que el mundo te enseña a confiar en quien te “parezca”
Las buenas noticias quedan relegadas, porque después de todo
sólo hablamos de las malas noticias.

El santo enviado de Dios que dice no haber pecado,
y el pecador que dice fue enviado por Dios.
Personas mueren por amor y el odio salva a las personas.
En que clase de mundo bueno para nada hemos nacido.

Si al final con realizar pequeñas acciones,
como regalar un dulce o una sonrisa,
esa persona verá el mundo desde un lado diferente,
por lo menos, efímero, una sonrisa aliviara al mundo.

La lluvia que nació de las lágrimas de alguien
fueron derramadas en una tierra lejana,
para alimentar las pequeñas esperanzas
de un mundo que creíamos bueno para nada.



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